
Corrían los años cincuenta, sería el 54 o 55 del pasado siglo, y en las fiestas del Corpus en Granada no se oía otra cosa que la música de una película que se hizo muy popular en aque
llos días: “Música y lágrimas”, así titulada en España y cuyo auténtico título original era “The Glenn Miller Story”, que como es de suponer contaba a la manera de Hollywood la vida de este conocido músico norteamericano. Pero no era precisamente la música de esta famosa orquesta la que se oía en todos los sitios, no sólo por la megafonía de columpios y casetas de feria, sino en las máquinas de discos colocadas en las salas de billar, como la de “Billares Granada”, esquina Alhóndiga-Recogidas. Allí, por una moneda de un duro, se escuchaba constantemente una canción que salía en dicha película, que paradójicamente no era de Glenn Miller sino de Louis Armstrong, el cual aparecía en unas escenas del film. La canción era exactamente “Otchi-Tchor-Ni-Ya” (Ojos Negros)Eran también los primeros tiempos de los discos microsurco y uno empezaba a adquirirlos, y era tal la fama que alcanzó Louis Armstrong en aquellos días que me impulsó a comprar uno de sus discos, que aunque no era el que sonaba por todas partes, suponía que sería tan bueno como el de Ojos Negros.
Cuando lo coloqué sobre el plato “Melodial” enganchado a la radio de l
a casa (casi una radio-gramola que se decía entonces) mi decepción fue total, pues no se parecía en nada al escuchado en tantos sitios públicos.Y es que se trataba de la reproducción de una antigua grabación pasada a microsurco de los primitivos discos de pizarra grabados en los años veinte, cuyo sonido no se podía igualar al de las recientes grabaciones. Pero resulta que, como mi discoteca era incipiente y apenas tenía discos, lo ponía con bastante frecuencia. Y he aquí que, no sé si de tanto oírlo o que realmente era bueno, el caso es que no solamente no me cansaba de hacerlo sino que cada vez me gustaba más, dándome cuenta que era una verdadera joya musical aunque su sonido no igualara a las modernas grabaciones HI-FI.

Era un disco pequeño de 45 rpm que contenía cuatro canciones, dos por cada lado. Todas eran muy buenas, pero una era excepcional, se titulaba Potato Head Blues y había sido grabada por Louis Armstrong y su Hot Seven en 1927. Resulta que es unos de los referentes en la música de jazz, no en vano Woody Allen pone en boca de uno de los personajes de su película “Manhattan” que una de las diez razones para vivir es Potato Head Blues. No digo que sea para tanto, pero merece la pena acercarse, analizar, y sobre todo oír los solos de trompeta de Armstrong, que marcaron un hito para todos los trompetistas amantes de ese estilo de música.

3 comentarios:
Aunque lo mío no es el Jazz, tu nueva entrada tiene el don trasladarme a un universo que ya no existe. Nos hace viajar por paisajes olvidados: el Nueva Orleans de principios del siglo pasado, verdadera cuna del Jazz, el Chicago cinematográfico de los años 20 y 30, tierra de gánsteres, mujeres fatales y prohibición. ¡Buena joya tienes en tu discoteca…!
lo mio es el sonido, y ese tocadiscos o pi-qut, que se decia antes.Tiene muy buena pinta. Puede que el sonido de aquellos discos, no fuera Hi-Fi.pero tenial filing.
Saludos.
Pedro, gracias por tu comentario, solo te diré que de aquellos viejos discos que guardo como un tesoro me gustan hasta los ruidos
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