lunes 6 de abril de 2009

ENCUENTROS EN LA MONTAÑA

POR LA BOCA DE LA PESCÁ

Entre las variadas aficiones que uno tiene, la del montañismo es un tanto particular, precisamente por lo individual y anónima. No es como otros deportes de masas en los que se concentran cientos de personas. Podría parecer que lo de echar a andar por el monte es cosa de pocos. Y no es así, lo que ocurre es que la montaña es inmensa y es casi imposible la aglomeración. Sin embargo rara es la vez que transitando por los senderos serranos no te cruces con caminantes, unos que vienen y otros que van, solos, en parejas o en grupos, de todas las edades y cada cual por su rumbo.
Por eso sorprende encontrarse con caras conocidas en una de esas raras ocasiones en que tiene lugar una reunión de montañeros, porque nunca imaginabas que fueran aficionados al deporte andariego.
Eso me pasó con un viejo amigo al que todos llamábamos “Falito”. Aparte de su trabajo, entre otras de sus aficiones conocidas una era “tirarle” al blanco, la que más, y algunas veces, pero menos, al tinto, se ponía del color cuaresmal. Eso sí, nunca dio un escándalo ni molestó a nadie, como dicen de los buenos catadores, sabía beberlo.
Era asiduo contertuliano de animadas charlas que después de la jornada de trabajo se hacían junto a la barra de un bar, con sus ingeniosos dichos y divertidas ocurrencias, deleite para los que escuchaban. Durante la semana vestía ajada ropa de faena y barba de días, pero los domingos se trajeaba a lo dandy, con la raya del pantalón impecable, zapatos relucientes y la cara muy bien rasurada, dejando lucir un bigotillo perfectamente perfilado. Lo primero que tomaba era una copa de anís, del más fuerte y seco, de ese que hace saltar el lagrimón a cualquiera, pero que él, mientras hojeaba tranquilamente el periódico, engullía de un solo trago y sin parpadear porque decía que mataba el gusanillo y le quitaba el ardor.
Después de no haberle visto en muchos años me sorprendió encontrarlo en una concentración de montañeros, en las estribaciones de la Boca de la Pescá, al final del Canal de la Espartera. Fue con motivo de celebrarse en aquel paraje una misa en memoria de un popular montañero fallecido. Yo no conocía a éste último, pero al anunciar sus amigos en la prensa la evocación, fuimos muchos los montañeros que por camaradería acudimos, entre ellos “Falito”. Le dije mi sorpresa por verle allí y de su velada afición que nunca había referido. Él me contó la amistad que le unía con el finado y las marchas realizadas junto a él.
Después de aquella jornada y hasta que dejó este mundo lo vi en contadas ocasiones. Recuerdo la última al cruzarme con él por la calle; charlamos un rato y, entre otras cosas, me estuvo refiriendo que precisamente en aquellos días había visto en su casa una antigua fotografía donde aparecíamos un nutrido grupo de amigos que habíamos ido a ver un partido de fútbol, era de los tiempos en que el Granada militaba en primera división. Manolito –me dijo- de todos los que estábamos en la foto, sólo quedamos tú y yo.
Al recordar esto y con la emoción de ser el último de la foto, dedico estas líneas a su memoria y a la de tantos montañeros anónimos.
Concentración y misa por un montañero en el término del Canal de la Espartera en la Boca de la Pescá

3 comentarios:

El Mahometano dijo...

Que bonito Manuel, y que gratos son este tipo de encuentros, desde luego dejan muy buen sabor de boca.
Es sanisimo el senderismo, ojalá yo pudiera hacerlo pero mis pulmones infectados en humo no me permiten mucha historia.. un abrazo!

Nito dijo...

¡Cuántas buenas historias montañeras caben en la vida de un hombre, que ame la montaña…!
Yo, sin haberlo sido mucho, pero apegado a ella, podría contarte muchas otras con desigual fortuna.
Pero bueno, aquí estamos y lo seguimos contando, que es lo que de verdad importa. ¡También tiene su mérito y su importancia ser el último del batallón.
!Buen y emotivo trabajo! ¡¡¡Por tu Fali, por mi Paco: Arriba los corazones…!!!

Antonio Montufo Gutierrez dijo...

Me ha encantado y a la vez me ha puesto melancólico recordando los tiempos en que subía por estor hermosos parajes. Muy bueno Manolo