La Alhambra se alza sobre la colina roja e inevitablemente se inserta en
el paisaje de Granada destacando por encima de todos sus barrios, no en vano
fue elegido como lugar estratégico para vigilar a toda su población en tiempos
en que un valioso enclave era el recurso indispensable para la buena defensa de
una ciudad. Eso ha permitido que en la actualidad, cuando esas posiciones
bélicas ya no son necesarias, sirva para que desde cualquier lugar de la vieja
población veamos las siluetas de sus torreones como fondo de su paisaje urbano,
un panorama que se diversifica y varía según la zona o los distintos barrios,
de esa forma son enormes las posibilidades de contemplar una imagen diferente y
bella según el lugar donde nos situemos, como esta vista de la Torre de la Vela
que se aprecia desde la Cuesta de los Infantes, entre el Mauror y Gomérez. Como
colaborador en la revista Ofecum, esta ha sido la foto que he elegido para la portada
del mes de octubre.
martes, 24 de septiembre de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
TEATRO ROMANO DE ILIBERIS


Amaneció un hermoso día y apetecía salir, decidí subir por
la Cuesta de San Ildefonso y las Veredillas de San Cristóbal hasta el mirador
del mismo santo. Después de contemplar la leve bruma que envolvía la colina de
la Alhambra y que se extendía hasta la vega como un suave manto blanquecino, la
ligera y fresca brisa fue limpiando poco a poco la atmósfera y permitiendo
distinguir cualquier detalle en toda la panorámica. Continué mi paseo por San
Bartolomé hasta salir a Pagés y tomar la cuesta de San Gregorio Alto, atravesé
la Plaza de la Cruz de Piedra y me dispuse a subir hasta el cerro del Aceituno,
junto a la ermita de San Miguel. Desde allí el panorama se ensanchó e invitaba
a hacer un recorrido visual desde Sierra Nevada hasta los confines de la Vega,
más allá de Sierra Elvira, donde un punto blanco encaramado en un lejano risco sugería
que se trataba del Castillo de Moclín, no en vano había servido en la
antigüedad para recibir y transmitir señales desde la Torre de la Vela.
Pero he aquí mi sorpresa al pasar la vista por el cercano
Albaicín que desde mi posición dominaba a la perfección, justo por las
Veredillas de San Agustín y el Carril del mismo nombre que forma un semicírculo
que rodea un hermoso Carmen. Justo en esa finca acababan de remover tierra y
desbrozar el abundante follaje que dejaba al descubierto lo que siempre había
intuido: los restos del teatro romano del antiguo Municipium Florentino
Iliberritanum…
Desperté con dolor de cabeza mientras la lluvia se deslizaba
abundante por los cristales del ventanal…, sentí gran decepción ¿todo había
sido un sueño?
sábado, 5 de enero de 2013
CAMINARES POR GRANADA
Una de las actividades más veteranas y con más solera
de Ofecum son sin duda sus caminares, que desde su inicio están dirigidas por
el incansable colaborador Antonio Bujaldón Durán y la inestimable ayuda de José
Antonio Álvarez Blasco y Antonio Montufo con sus sabias explicaciones. En tantos años de andadura, nunca mejor dicho, por las
rutas urbanas de nuestra ciudad, es inevitable la repetición de las mismas, sin
embargo esto es solamente la apariencia, porque aunque la ciudad tiene sus
límites siempre hay o ocurre algo nuevo cada vez que se recorren estos
itinerarios, unas veces es por el clima y la luz que muestra sus diferencias, y
otras veces es por situaciones inesperadas que surgen, como pasó el día uno de
marzo cuando bajando por la Vereda de Enmedio al Sacromonte visitamos la famosa
Cueva del Curro gracias a la intervención de nuestro presidente Ángel Sánchez
Cabrera, maestro de las buenas relaciones públicas.
(Foto y comentarios de Manuel Espadafor)
lunes, 3 de diciembre de 2012
SOCIEDAD SIERRA NEVADA
Con motivo del Centenario de la Sociedad Sierra Nevada publiqué el siguiente artículo en la revista de la Asociación Ofecum cuya portada y texto incluyo en este blog
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| Portada de la revista Ofecum de noviembre de 2012 |
RECUERDOS EN EL CENTENARIO DE LA SOCIEDAD SIERRA NEVADA
Por estas fechas se conmemora el cien aniversario de la Sociedad Sierra Nevada, entidad dedicada a todo lo referente a los deportes relacionados con la montaña granadina. Pero en la historia del montañismo en Sierra Nevada sin duda marca un hito el año 1898, cuando aparece la asociación "Diez Amigos Limited", la cual estaba constituida por miembros del Centro Literario y Artístico de Granada y cuyo primer impulsor fue Gregorio Fidel Fernández, catedrático y prestigioso medico de la ciudad. Su primera excursión se realizó en el verano de 1899; trece años más tarde, en 1912, se convertiría en la Sociedad Sierra Nevada, tercer club más antiguo de España y pionero en Andalucía, cuyo trabajo consistiría en el desarrollo turístico y deportivo de Sierra Nevada, así como la construcción del primer albergue en el macizo, el de la Hoya de la Mora. Para ello hablaron con el gobernador civil de la época Benito del Campo y Otero y en 1915 se abría el albergue San Francisco en los Campos de Otero, llamado así desde entonces por el nombre de su impulsor. En tan dilatada vida esta asociación ha sido testigo de no pocos acontecimientos relacionados con los aspectos turísticos y económicos que Sierra Nevada ha representado para Granada, manifestado por los grandes proyectos que facilitaron el acercamiento de los amantes del deporte y de la naturaleza hasta las cumbres de esta sierra granadina, compatibles con el desarrollo agrícola, ganadero y minero de la zona. Dos de los proyectos más importantes fueron sin duda la construcción de la carretera que se anunciaba como la más alta de Europa, llevado a cabo por el malogrado ingeniero Juan José de Santa Cruz, y la construcción del inolvidable Tranvía de la Sierra, impulsado por el Duque de San Pedro de Galatino.
Pero este acontecimiento me trae el recuerdo de haber vivido hace medio siglo las Bodas de Oro de esta Sociedad. Para celebrar aquellos cincuenta años de ininterrumpida actividad se organizaron distintas pruebas deportivas relacionadas con la montaña y la nieve así como la proyección de documentales cedidos por la Embajada Suiza y una Exposición de Fotografías en los Salones del Centro Artístico que en aquel año estaban situados en la primera planta del edificio donde se ubica el Café Suizo, entrando por la calle Mesones, los temas del Concurso-Exposición versaban sobre Granada, Sierra Nevada y la Costa del Sol.
Todo esto me viene a la memoria porque, además de ser testigo del evento, también participé en pequeña escala en el mismo. Sí, mi afición por la montaña va unida a la de la fotografía y no sabría decir cuál de las dos supera a la otra. Resulta que por aquellos años yo hacía mis pinitos por la alta montaña al tiempo que experimentaba el gusto por el arte fotográfico, una afición que difiere mucho de la actual era digital, pues se extendía hasta el revelado de las fotografías en el improvisado laboratorio casero, para ello componía hasta los propios reveladores comprando a granel los productos químicos requeridos. Recuerdo la de veces que me acercaba a la Droguería Santaella en la calle San Jerónimo para comprar el papel fotográfico y que me pesaran la hidroquinona y el carbonato de sodio para el líquido revelador y el hiposulfito sódico y el metabisulfito potásico para el fijador entre otros productos químicos; los liaban en papel de estraza y en la casa los disolvía en agua. Nada podía igualar la emoción sentida en el cuarto oscuro, bajo la penumbra de la luz roja de una bombilla teñida, al observar cómo en aquel papel blanco sumergido en el líquido de la bandeja iban apareciendo las primeras sombras que a los pocos segundos se convertirían en la imagen que habíamos captado con nuestra máquina. Como puede intuirse, al enterarme del concurso fotográfico convocado por la Sociedad Sierra Nevada, preparé algunas ampliaciones que consideré adecuadas y las envié para participar en él. Aunque siempre existe alguna remota esperanza, para mí fue una sorpresa conseguir el segundo premio del tema “Sierra Nevada” entre el centenar de obras que fueron presentadas, la titulé “Nieve de Agosto” (Foto de portada de esta revista). El merecido primer premio fue para la foto “Hacia el Trevenque” de Manuel Cascales Guindos. También envié otra para el tema “Granada” que no salió premiada pero, principiante como era, para mí fue una satisfacción que fuera mencionada por el artista y crítico del periódico “Ideal” Marino Antequera cuando en su crónica escribió: Muy bien comprendida la luz en “El arenero”, de Manuel Espadafor Caba. Así titulé aquella foto a contraluz de un típico arenero que bajaba con sus burros por la Cuesta del Realejo. Para un novato como yo ¿qué más podía desear?. Hoy, al cabo de tantos años, solo puedo dar gracias a Dios por haberlos vivido y poder presenciar el centenario de la Sociedad Sierra Nevada a la que deseo cumpla muchos años más.
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| El autor de este artículo en 1961 en la Laguna de las Yeguas |
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| Cara y reverso de la medalla del 2º Premio |
domingo, 7 de octubre de 2012
BREVES PINCELADAS TURCAS
GRANADAS TURCAS
Un granadino en cuanto visita Turquía constata con agrado que
hay más granadas que en Granada, valga la redundancia, por cualquier rincón
aparece algún puesto donde te ofrecen el zumo de esta fruta recién exprimida, y
lo aseguro, está buenísimo.
Siempre reconforta ver una devoción sincera
Desde un buen mirador de Estambul se contempla el “Cuerno de Oro”, un
apéndice del Bósforo, como en cualquier parte del mundo, también los jóvenes
turcos muestran su amor.
Un ejemplo a seguir, en una de sus calles más cosmopolitas
conservan con amor su viejo tranvía.
El vendedor de te
(Copyright de texto y fotografías de Manuel Espadafor Caba)
(Copyright de texto y fotografías de Manuel Espadafor Caba)
sábado, 16 de junio de 2012
VERANO DE 1945
¿Por qué verano de 1945? Evidentemente es un año que marcó la historia de la humanidad por un hecho excepcional, el mundo descubrió que una sola bomba podía destruir una población entera; sí, la fuerza atómica fue utilizada por primera vez, y esperemos que sea la única, como arma destructiva en una guerra. En aquel verano yo era muy pequeño y apenas me enteraba de lo que sucedía en ese mundo que para mí era muy limitado, tan exiguo que apenas abarcaba el tranquilo ámbito familiar y el de la clase de párvulos. Pero aquella noticia me impactó, la oí por boca de un tío mío que llegó a la casa y dijo: Los americanos han lanzado una bomba que ha destruido una ciudad entera, se llama la bomba atómica. Ocurrió el 6 de agosto. Meses antes, al final de la primavera de aquel año, los alemanes ya habían sucumbido ante el poder de los aliados.
Ahora,
al cabo de tantos años me pregunto: ¿qué sucedía por entonces en una ciudad
como Granada que a ojos de un niño parecía tan alejada de aquel terrible
conflicto? ¿Acaso las gentes se escondían al ponerse el sol y la urbe se sumía
en la oscuridad de unas tenebrosas y negras noches?
Naturalmente
yo no recuerdo nada de eso, sino todo lo contrario, los cines de verano, las
gentes sentadas en la puerta de sus casas en amenas tertulias mientras los
zagales inundaban las placetas y calles con el griterío de sus juegos,
especialmente los gratos cánticos de las niñas en torno a la rueda, la comba,
la rayuela y tantas otras diversiones con que el mundo infantil agudizaba su
ingenio y era fiel seguidor de unas tradiciones por desgracia periclitadas hoy
en día.
Todo
esto puede ser subjetivo, la experiencia propia no es la de los demás, por eso,
queriendo acercarme a una realidad más próxima, y aún sabiendo que la prensa
estaba sujeta a la tenaz censura, me he querido acercar a las noticias de
aquellos días dada mi afición de ratón de hemerotecas, porque, a pesar de las
restricciones informativas, la evidente realidad era la que era y sorprende la
vitalidad de un pueblo que quería superar cualquier contrariedad y una ciudad
que se remozaba y resplandecía por encima de todo.
Entre los acontecimientos de aquel verano
podemos destacar: El arreglo y conversión del antiguo Convento de San Francisco
en lo que más tarde se llamó Parador de
San Francisco. La inauguración del magnífico teatro de verano Gran Capitán. La inauguración del
estupendo Estadio de la Juventud, un
polideportivo increíble en aquellas fechas, dotado de gran piscina, frontón,
pistas de tenis y baloncesto, campo de fútbol rodeado de pistas de atletismo y
carreras, amplia tribuna y gradas de espectadores. La bella y clásica
remodelación de la Plaza de Alonso Cano con su correspondiente estatua.
Los clásicos conciertos en el Palacio de
Carlos V dirigidos por el gran músico Conrado
del Campo, semilla de lo que más tarde se convirtió en el Gran Festival de Música. En fin, los
anuncios de aquellos tiempos que reflejaban en gran manera el ambiente lúdico
de una ciudad.
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