jueves, 28 de noviembre de 2013

CAMINO A LA CORTIJUELA


Uno de los paseos más sugerentes para los amantes de la naturaleza es sin duda el camino forestal que nos conduce hasta "La Cortijuela". Su inicio suele hacerse desde Cumbres Verdes, hasta allí podemos desplazarnos desde la capital por La Zubia en autobús de linea o en vehículo propio para quien lo prefiera. A los quince minutos de andadura llegamos hasta la Fuente del Hervidero, desde allí y hasta "La Cortijuela" nos queda aún hora y media de camino por la preciosa pista forestal que pasa por el Puente de los Siete Ojos que salva el arroyo Huenes. En la imagen contemplamos una hermosa vista del pico del Trevenque, de 2079 metros de altitud, la más alta de la llamada media montaña granadina y que por sus faldas discurre todo el itinerario. Esta es la imagen que ilustra la portada del mes de diciembre de la revista Ofecum.

domingo, 3 de noviembre de 2013

EL GRANADO DE PUERTA REAL

A los visitantes de nuestra ciudad sin duda les causará impacto los sonidos que escuchen cuando se encuentren en el centro de la urbe, justo ante la puerta de su ayuntamiento, pues allí podrán oír los sones del carillón del reloj entonando la popular canción que Agustín Lara inmortalizó: Granada, tierra soñada por mí. Pero aún hay más, cuando en su caminar hacia el centro de Puerta Real contemplen el árbol cargado con la fruta que ha dado nombre a esta tierra: la granada. Así de esplendoroso se encuentra en tiempo otoñal y es por lo que me ha parecido oportuno que esta imagen encabece la portada de la revista Ofecum del mes de noviembre, una publicación en la que colaboro desde su fundación. 

martes, 24 de septiembre de 2013

DESDE EL MAUROR

La Alhambra se alza sobre la colina roja e inevitablemente se inserta en el paisaje de Granada destacando por encima de todos sus barrios, no en vano fue elegido como lugar estratégico para vigilar a toda su población en tiempos en que un valioso enclave era el recurso indispensable para la buena defensa de una ciudad. Eso ha permitido que en la actualidad, cuando esas posiciones bélicas ya no son necesarias, sirva para que desde cualquier lugar de la vieja población veamos las siluetas de sus torreones como fondo de su paisaje urbano, un panorama que se diversifica y varía según la zona o los distintos barrios, de esa forma son enormes las posibilidades de contemplar una imagen diferente y bella según el lugar donde nos situemos, como esta vista de la Torre de la Vela que se aprecia desde la Cuesta de los Infantes, entre el Mauror y Gomérez. Como colaborador en la revista Ofecum, esta ha sido la foto que he elegido para la portada del mes de octubre.

sábado, 6 de julio de 2013

viernes, 14 de junio de 2013

TEATRO ROMANO DE ILIBERIS

Amaneció un hermoso día y apetecía salir, decidí subir por la Cuesta de San Ildefonso y las Veredillas de San Cristóbal hasta el mirador del mismo santo. Después de contemplar la leve bruma que envolvía la colina de la Alhambra y que se extendía hasta la vega como un suave manto blanquecino, la ligera y fresca brisa fue limpiando poco a poco la atmósfera y permitiendo distinguir cualquier detalle en toda la panorámica. Continué mi paseo por San Bartolomé hasta salir a Pagés y tomar la cuesta de San Gregorio Alto, atravesé la Plaza de la Cruz de Piedra y me dispuse a subir hasta el cerro del Aceituno, junto a la ermita de San Miguel. Desde allí el panorama se ensanchó e invitaba a hacer un recorrido visual desde Sierra Nevada hasta los confines de la Vega, más allá de Sierra Elvira, donde un punto blanco encaramado en un lejano risco sugería que se trataba del Castillo de Moclín, no en vano había servido en la antigüedad para recibir y transmitir señales desde la Torre de la Vela.
Pero he aquí mi sorpresa al pasar la vista por el cercano Albaicín que desde mi posición dominaba a la perfección, justo por las Veredillas de San Agustín y el Carril del mismo nombre que forma un semicírculo que rodea un hermoso Carmen. Justo en esa finca acababan de remover tierra y desbrozar el abundante follaje que dejaba al descubierto lo que siempre había intuido: los restos del teatro romano del antiguo Municipium Florentino Iliberritanum…
Desperté con dolor de cabeza mientras la lluvia se deslizaba abundante por los cristales del ventanal…, sentí gran decepción ¿todo había sido un sueño?   

sábado, 5 de enero de 2013

CAMINARES POR GRANADA
  Una de las actividades más veteranas y con más solera de Ofecum son sin duda sus caminares, que desde su inicio están dirigidas por el incansable colaborador Antonio Bujaldón Durán y la inestimable ayuda de José Antonio Álvarez Blasco y Antonio Montufo con sus sabias explicaciones. En tantos años de andadura, nunca mejor dicho, por las rutas urbanas de nuestra ciudad, es inevitable la repetición de las mismas, sin embargo esto es solamente la apariencia, porque aunque la ciudad tiene sus límites siempre hay o ocurre algo nuevo cada vez que se recorren estos itinerarios, unas veces es por el clima y la luz que muestra sus diferencias, y otras veces es por situaciones inesperadas que surgen, como pasó el día uno de marzo cuando bajando por la Vereda de Enmedio al Sacromonte visitamos la famosa Cueva del Curro gracias a la intervención de nuestro presidente Ángel Sánchez Cabrera, maestro de las buenas relaciones públicas. 
(Foto y comentarios de Manuel Espadafor)
 


lunes, 3 de diciembre de 2012

SOCIEDAD SIERRA NEVADA

Con motivo del Centenario de la Sociedad Sierra Nevada publiqué el siguiente artículo en la revista de la Asociación Ofecum cuya portada y texto incluyo en este blog
Portada de la revista Ofecum de noviembre de 2012
RECUERDOS EN EL CENTENARIO DE LA SOCIEDAD SIERRA NEVADA
Por estas fechas se conmemora el cien aniversario de la Sociedad Sierra Nevada, entidad  dedicada a todo lo referente a los deportes relacionados con la montaña granadina. Pero en la historia del montañismo en Sierra Nevada sin duda marca un hito el año 1898, cuando aparece la asociación "Diez Amigos Limited", la cual estaba constituida por miembros del Centro Literario y Artístico de Granada y cuyo primer impulsor fue Gregorio Fidel Fernández, catedrático y prestigioso medico de la ciudad. Su primera excursión se realizó en el verano de 1899; trece años más tarde, en 1912, se convertiría en la Sociedad Sierra Nevada, tercer club más antiguo de España y pionero en Andalucía, cuyo trabajo consistiría en el desarrollo turístico y deportivo de Sierra Nevada, así como la construcción del primer albergue en el macizo, el de la Hoya de la Mora. Para ello hablaron con el gobernador civil de la época Benito del Campo y Otero y en 1915 se abría el albergue San Francisco en los Campos de Otero, llamado así desde entonces por el nombre de su impulsor. En tan dilatada vida esta asociación ha sido testigo de no pocos  acontecimientos relacionados con los aspectos turísticos y económicos que Sierra Nevada ha representado para Granada, manifestado por los grandes proyectos que facilitaron el acercamiento de los amantes del deporte y de la naturaleza hasta las cumbres de esta sierra granadina, compatibles con el desarrollo agrícola, ganadero y minero de la zona. Dos de los proyectos más importantes fueron sin duda la construcción de la carretera que se anunciaba como la más alta de Europa, llevado a cabo por el malogrado ingeniero Juan José de Santa Cruz, y la construcción del inolvidable  Tranvía de la Sierra, impulsado por el Duque de San Pedro de Galatino.

Pero este acontecimiento me trae el recuerdo de haber vivido hace medio siglo las Bodas de Oro de esta Sociedad. Para celebrar aquellos cincuenta años de ininterrumpida actividad se organizaron distintas pruebas deportivas relacionadas con la  montaña y la nieve así como la proyección de documentales cedidos por la Embajada Suiza y una Exposición de Fotografías en los Salones del Centro Artístico que en aquel año estaban situados en la primera planta del edificio donde se ubica el Café Suizo, entrando por la calle Mesones, los temas del Concurso-Exposición versaban sobre Granada, Sierra Nevada y la Costa del Sol.
Todo esto me viene a la memoria porque, además de ser testigo del evento, también participé en pequeña escala en el mismo. Sí, mi afición por la montaña va unida a la de la fotografía y no sabría decir cuál de las dos supera a la otra. Resulta que por aquellos años yo hacía mis pinitos por la alta montaña al tiempo que experimentaba el gusto por el arte fotográfico, una afición que difiere mucho de la actual era digital, pues se extendía hasta el revelado de las fotografías en el improvisado laboratorio casero, para ello componía hasta los propios reveladores comprando a granel los productos químicos requeridos. Recuerdo la de veces que me acercaba a la Droguería Santaella en la calle San Jerónimo para comprar el papel fotográfico y que me pesaran la hidroquinona y el carbonato de sodio para el líquido revelador y el hiposulfito sódico y el metabisulfito potásico para el fijador entre otros productos químicos; los liaban en papel de estraza y en la casa los disolvía en agua. Nada podía igualar la emoción sentida en el cuarto oscuro, bajo la penumbra de la luz roja de una bombilla teñida, al observar cómo en aquel papel blanco sumergido en el líquido de la bandeja iban apareciendo las primeras sombras que a los pocos segundos se convertirían en la imagen que habíamos captado con nuestra máquina. Como puede intuirse, al enterarme del concurso fotográfico convocado por la Sociedad Sierra Nevada, preparé algunas ampliaciones que consideré adecuadas y las envié para participar en él. Aunque siempre existe alguna remota esperanza, para mí fue una sorpresa conseguir el segundo premio del tema “Sierra Nevada” entre el centenar de obras que fueron presentadas, la titulé “Nieve de Agosto”  (Foto de portada de esta revista). El merecido primer premio fue para la foto “Hacia el Trevenque” de Manuel Cascales Guindos. También envié otra para el tema “Granada” que no salió premiada pero, principiante como era, para mí fue una satisfacción que fuera mencionada por el artista y crítico del periódico “Ideal” Marino Antequera cuando en su crónica escribió: Muy bien comprendida la luz en “El arenero”, de Manuel Espadafor Caba. Así titulé aquella foto a contraluz de un típico arenero que bajaba con sus burros por la Cuesta del Realejo. Para un novato como yo ¿qué más podía desear?. Hoy, al cabo de tantos años, solo puedo dar gracias a Dios por haberlos vivido y poder presenciar el centenario de la Sociedad Sierra Nevada a la que deseo cumpla muchos años más.

El autor de este artículo en 1961 en la Laguna de las Yeguas
Cara y reverso de la medalla del 2º Premio
 Manuel Espadafor Caba, diciembre de 2012